Microhobby 16. Año II, del 19 al 25 de febrero de 1985

Programadores: Antonio Bellido, La pasión por la informática

Jesús Alonso Gallo

Aquella mañana de frío invierno se tornó cálida en la buhardilla de Antonio Bellido. Su lugar de trabajo era realmente muy acogedor, y fue una leve música de Mozart, que sonaba en la habitación contigua, la que nos animó a comenzar la entrevista.

«Nací en 1943, tengo 42 años. Durante los últimos 20, he utilizado la informática como medio, no como profesión, y me gustaría dedicarme a ella por entero.»

Antonio transmite la sensación, al hablar, de que se encuentra sumergido en una constante reflexión, saborea sus ideas despacio, lo explica todo sonriendo, es seguro que disfruta mucho hablando con nosotros.

— ¿Con qué ordenador comenzaste?

— «¡Huy! —se para a reflexionar y hace memoria—, con un OLIVETTI de tarjetas magnéticas y un Compucord de tarjetas perforadas.»

— ¿Conociste el ZX 81?

— «Bueno, en microinformática entré con el ZX 80 que consideraba una maquinita, el ZX 81 me asombró y me animé a escribir mi primer libro: “La pequeña gran puerta”, que iba dirigido a quitar el miedo. Recuerdo que en aquella época mis maestros eran mis propios compañeros; entre todos, leyendo unos manuales extraños en una lengua distinta a la nuestra, íbamos aprendiendo cómo funcionaban las máquinas.»

Antonio Bellido es un enamorado de la informática, no queda duda. Lo transmite en su alegría al contestar, en la ilusión que preside sus palabras.

— «Yo soy Perito Industrial, estudié también Económicas, pero no acabé la carrera. Actualmente, mi dedicación a la informática, como ya os dije, no es profesional, trabajo en Andorra, compro Hardware para mi empresa y en los ratos libres, en los autobuses y en los aviones, escribo; si pudiera elegir, dejaba lo de Andorra y me dedicaba a esto.»

Preguntado sobre el boom actual de la informática y su incidencia sobre el paro, se detiene a pensar un momento que se hace largo, muy largo, hasta que yo, en broma, le digo: No lo sabes.

— «Sí —se ríe burlón—, yo tengo una idea muy clara en ese sentido.»

Adopta un tono sencillo al exponer sus argumentos y, al mismo tiempo, transmite gran seriedad en sus palabras.

– «Si en este momento nos hiciéramos una idea de lo que va a suceder con la informática dentro de unos años, todo el mundo se dedicaría a aprovechar las posibilidades que va a ofrecer. Por ejemplo, ahora mismo, no hay suficientes personas con conocimientos técnicos, que sepan reparar el parque actual de microordenadores. Uno de los principales problemas, es que los ordenadores no se reparan en el tiempo previsto, no hay suficientes profesionales de todas las ramas. La informática, pues, va a absorber muchos puestos de trabajo.»

— ¿Y en ¡a robótica?

— «En el terreno de la robótica se van a requerir gran cantidad de profesionales. Los robots hay que diseñarlos, hay que fabricarlos, hay que programarlos y hay que repararlos; son necesarias muchas personas, de diferentes áreas, para todo esto. No considero peligrosa la automatización. El coche no destruyó puestos de trabajo, sino al contrario.»

— Cambiando de tema, ¿cómo te surge la idea de escribir un libro del BASIC?

— «Bueno, surgió cuando me di cuenta de que el problema para empezar a programar era el miedo, la gente tenía miedo, consideraba el tema, desde su desconocimiento, como muy difícil. Yo escribí el libro físicamente, en los aviones. Mi contacto con Paraninfo fue casual. El libro, pensado como manual para la gente que compraba el ordenador, tenía el fin de que todo el mundo pudiera programar en él con comodidad y confianza; sin embargo, resultó que el manual se vendía más que el ordenador, así que hablé con Paraninfo y lo editó.»

— ¿Cuántos has vendido?

— «Exactamente no lo sé, el libro salió el año pasado en noviembre, fue presentado en el SIMO; como las editoriales liquidan por años, todavía no sé la cifra exacta, pero desde luego ha sido un best-seller de divulgación informática, calculo que irán vendidos unos 20 ó 25.000 y te aseguro que todavía no acabo de entenderlo.»

Es modesto, humilde, se hace muy agradable conversar con él, sospecho que me mira con aire paternal…

— Antonio, entrando de lleno en la máquina estrella de Sinclair, ¿cómo valoras el Spectrum?

— «Sinclair tiene una cosa muy buena, ha hecho un ordenador con precio muy asequible. Para mí, la relación calidad/precio es muy buena, no sé si será porque ya me he acostumbrado.»

La cara negra de la informática

Cuando le interrogo sobre la cara negra de la informática, los intereses de determinados grupos dominantes, el engaño y la explotación que quizá sufren algunos jóvenes programadores, él responde sin vacilar:

— «Hombre, yo creo que esto lo hay en todas las profesiones, forma parte del juego de la vida, tampoco hay que tenerle miedo a eso. Veo muchas cosas positivas; la informática es un mundo nuevo que está surgiendo; ¿quién entra en él?, pues los más audaces, los más dinámicos, los que tienen que cambiar de área de trabajo, etc. Los inconvenientes son los que conlleva cualquier cosa nueva: el desconocimiento inicial, la falta lógica de profesionales, etc. En los comienzos de una nueva actividad profesional, podemos afirmar que la conquista de la informática es la conquista del Oeste.»

Es evidente que sus proyectos le tienen muy ilusionado.

— «Trabajo en el área educativa, estoy haciendo un libro de Basic para profesores y, ahora, en el SIMO, ha salido mi libro del código máquina. He pretendido que sea un libro sencillo porque, en mi opinión, este lenguaje de programación es quizá más lento de elaborar, pero nunca más difícil.»

La programación en España

Mi entrevistado se encuentra tranquilo, premia sus anteriores palabras con una aromática pipa de tabaco y se alegra mucho al saber que la siguiente pregunta le da una oportunidad que esperaba hace tiempo: demostrar, animar a todos los lectores a probar su capacidad, a demostrarse cada uno a a sí mismo todo lo que valen.

— ¿Tú crees que en España tenemos los mejores cerebros?

— Responde que sí. Sin embargo, cuando afirmo que nunca hemos tenido los medios mínimos, su garganta salta como un resorte, sin dejarme terminar. Afirma a gritos: «No hace falta, no hace falta, lo único y más importante es la fe en uno mismo.

— »Los suizos, los ingleses o alemanes, que viven en climas fríos, hacen unos gráficos y unos colores perfectos; sin embargo, un programa tiene que tener vida, ser atractivo. La horas de programación que conllevan unos gráficos perfectos, que a un programador español quizá no le merecen la pena, se pueden ganar en vivacidad». Puesto de pie, buscando algo, comienza a levantar papeles y libros, revuelve estanterías, abre y cierra cajones; finalmente, encuentra lo que quería.

— «Una cosa que quiero decir en esta oportunidad es una frase de mi libro, en el último párrafo: —Antes de despedirme de usted, querido lector, quisiera transmitirle mi convencimiento de que aunque otros hayan hecho mucho, usted lo puede hacer todo.—

— »La perfección quizá no compense al programador español. Que la gente confíe en su imaginación. Sinceramente, con la calidad que tienen los programas ingleses, aspirar a superarlos es muy difícil. Quizá se deba aspirar a la calidad, pero basándose siempre en la imaginación.»

Está tan convencido de sus afirmaciones que al escucharle, me resultan dogmas.

Piratería informática

Tras la interrupción de una llamada telefónica, nuestra conversación se vuelca en el trágico y oscuro tema de la piratería informática. Sin darme tiempo a nada, responde:

— «Eso yo lo puedo resumir en un problema. Si tú tienes una finca de olivos, existen unos mecanismos legales para que no te puedan robar las aceitunas, pero si tienes una idea no hay ningún dispositivo legal que te proteja y, entonces, lo que sucede es que intelectualmente se va degradando el esfuerzo, porque si no se respeta la propiedad intelectual del individuo, finalmente la gente apuesta cada vez menos por la inteligencia e intenta ser funcionario; piensan: vamos a ir a por la seguridad evitando cualquier riesgo.

— »Sinceramente, pienso que la pequeña piratería no afectará al programa Un, Dos, Tres, porque, fundamentalmente, tiene premios y éstos van con la numeración del cassette. Para la piratería industrial, o la más organizada, considero al copyright de TVE un arma disuasoria bastante importante.»

— ¿Es caro tu programa?

— «Francamente, dado el mercado que tenemos, los juegos deberían ser caros, de 3.000 a 5.000 pts; si no es así, es porque existen los piratas que venden a mil. En el caso del Un, Dos, Tres, hay que tener en cuenta que son varios juegos en el programa más los premios. En Inglaterra lo vendemos más caro.»

Resulta curioso, pero iniciamos la conversación del programa Un, Dos, Tres, sin darnos cuenta.

— ¿Has hablado con Chicho Ibáñez Serrador?

— «Bueno, yo hice la idea, una maqueta del juego para que se despierte la imaginación del editor y es él, valorando su viabilidad económica, quien lo hace. Luego se habló con Chicho, que es una persona encantadora, y no hubo más que entrega por su parte en este trabajo.»

— Hablando de este tema, la rentabilidad económica hace que una cosa sea rentable o no, independientemente de la ilusión que se ponga en ella. ¿Cuántas copias hay que vender, a tu juicio, para que un programa sea comercial?

— «Depende, si el programa es, por ejemplo, alguno de los que hizo para cálculo de estructura un chico amigo mío y que sacó Paraninfo Soft, creo que no hay forma de pagarlo. Con respecto al mío, al Un, Dos, Tres, pues pienso que muchas copias, creo que no salen las cuentas, si ponemos que el editor se lleva 100 pts. por programa. ¿Qué saca? Calcula que el simulador de vuelo ha sido el best-seller del momento y ha vendido 5.000 copias. De verdad, pienso que en España las cuentas no salen; aquí habrá 50.000 copias de simuladores de vuelo, pero vendidos, habrá 5.000.»

— ¿Qué opinión merece para ti la piratería industrial?

— «No pagan derechos de autor, no pagan copyrights, no pagan beneficios a tiendas, no pagan impuestos. No venden barato: roban. Hay que luchar contra este vacío legal.»

— ¿Con qué equipo trabajas?

— «Antes, con el Spectrum, a pelo. Ahora, también con Microdrive.»

Le pregunté sobre las nuevas tecnologías y respondió preocupado:

— «Me parece fenomenal. Ahora, los más avanzados van en código máquina; si se generaliza la tecnología del láser, podemos ir todos de cráneo; sin embargo, la imaginación podrá hasta con el láser».

Comentamos los avances de la informática en otros terrenos. «Sobre los sistemas del reconocimiento de voz tipo IBM con un 5% de error, os diré que esto ya se me escapa, quiero decir, yo por ejemplo, para escribir utilizo pluma no procesador de texto, no me veo dando instrucciones al ordenador sin pulsar teclas. Ahora, que nunca se sabe».

 
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